El Mercado.


Mira. Que yo te quiero mucho y sabes que tienes todo mi respeto, pero por besarte antes de acostarme me has hecho pasar media noche de reflujos y ardores gástricos insoportable. He de elegir. Así que, como de mi cuerpo no puedo privarme, no al menos sin un esfuerzo místico que no estoy dispuesto a realizar o una dosis excesiva de LSD, muy a mi pesar voy a tener que evitarte durante estas noches, querida cerveza.

La rave de pájaros volvio a adelantarse a la Intro de The XX que suele despertarme a diario. Salgo de mi cama y no veo a nadie fuera. Parece que los madrugadores están ya de paseo por ahí y los no tan madrugadores vamos asomando las cabecitas por entre los ventanales cual topillos en el campo. Un cafe para esperar la hora del café. El metacafé voy a llamarle.

Esta mañana la dedicamos al taller de escritura porque pasaremos el dia en Oussouye: comeremos Yassa viande en casa de Bea, que es un guiso con arroz el cual se lanzarán Maite, Marta y Mariajo a seguir las pautas de Virgine, mamá de la pequeña Beita con la que me pasaré jugando un buen rato, para amasar las bolitas de arroz y comer a mano, todos tirados por los suelos, un gran plato del centro.

Nos enseñará también Emanai, su taller de costura, donde realizan diferentes artesanías, con base de bolsas de arroz y ayudar así a mujeres de la zona. Cada venta supone arroz también para las familias de Oussouye, el cual llevan al Rey Diola del pueblo y él lo reparte, ya que además de ser el guardián del mayor fetiche de la zona, es el interventor y mediador de 17 pueblos alrededor y su función también es el de reparto para quienes menos tienen. ¡Vamos a ver al Rey! Mientras nos adelanta una procesión de chavales portando a hombros unos bidones rebosantes de vino de palma, no precisamente pequeños y colgando de un gran bambú, nos apartan a un lateral. Algo pasa. Algo a celebrar o algo para ofrecer al fetiche, porque como toda esa fermentación espirituosa deba ser ingerida por el Rey, me parece a mi que va a tardar en recibir a nadie más. Efectivamente, esa tarde debía estar ocupado en pillarse el gran pedo cósmico, porque no nos permitieron la visita. Así que media vuelta y al mercado.

La idea de la mayoría es comprar telas a granel, llevarlo a un costurero y tejerse cualquier mierda. Yo, no me veo vestido de King África, así que prefiero perderme con Mariona, Mariajo y Yeray sin objetivo aparente y sin querer, acabo con telas adquiridas entre un agradabilísimo aroma a pescado semipodrido y basura en descomposición que hacen las delicias de cualquier sommelier que se precie. El mercado a media tarde estaba tan apagado como la fuerza de los tenderos que, sin comer ni beber durante el día intentan sobrevivir entre oraciones. Buscamos al resto del grupo, que andan finalizando sus negocios de pret a porter en el cochambroso habitáculo de un primo lejano de Bob Marley.

Nos recoge nuestro ya querido 4x4 blanco que nos conduce hasta Diakane Wolof, y no sé cómo ni porqué, acabé en la pelu del pueblo, y no sé cómo ni porqué, acabé sentado en la silla de la pelu, y no sé cómo ni porqué acabe pelándome la cabeza, y no sé cómo ni porqué acabé con un mojón en mi cogote que suponía ser la estrella de Senegal pero sobretodo y no sé cómo ni porqué acabamos todos partiéndonos el ojete como se lo había partido el chavalito que estaba en la pelu viendo el estropicio que me estaba haciendo Alieu, el peluquero. Que yo creo que es peluquero porque tiene 2 máquinas eléctricas de pelar, y ya.

La vuelta al Centro y la reunión diaria donde ponemos en común los escritos, los miedos y emociones y donde la sensación de familia crece a diario, da paso a una cena donde el arroz y el puercoespín fueron los protagonistas. Me zampé tres trozos y para digerirlo hicimos risa redonda hasta altas horas con el juego Los Hombres Lobo de Castronegro . El pueblo duerme.