Allá vamos.
En la puerta A03 tuvimos tiempo de ir conociéndonos un poco más. Conversaciones entrelazadas saliendo de gesticulantes cuerpos y miradas de ilusión dieron paso, tras aproximadamente una hora, al siguiente vuelo, esta vez sí, con destino final por hoy: Banjul.
Ya en el avión, el traqueteo, la oscuridad y el sedante que, estoy seguro, inoculan en el habitáculo, me han transportado a una ensoñación que se ha visto perturbada por la pregunta "Chicken or fish?", a la cual he respondido "Chicken" casi por inercia y con un ojo cerrado aún. Y como parece que he acertado la respuesta, me he ganado una bandeja con productos variados como pan, queso de untar, té, una tarta tatín y el plato estrella: un tajín de pollo que sabía jodidamente árabe. Y es que pongo énfasis porque estaba realmente rico, con esas especias infinitas que le dicen a tu boca: "Al fin has salido de casa."
El trámite de la llegada a Gambia
, el básico en cualquier aeropuerto: afloja la mosca, hago que miro tu pasaporte y pa’lante. Nos ha venido a recoger Omar, amigo de la casa a la que vamos, porque ya se sabe que la caza del turista despistado es deporte nacional en cualquier país. Así que cogimos tres taxis y nos alojamos en un Airbnb cercano para poder descansar un ratito los nueve que veníamos. Mañana os cuento más.
Bona nit.