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Se acabó. Ahora empieza.

Arrebaño horas al dia dejando a todo tipo de alimañas y aves despertando por encima mio. La última mañana por Casamance quiero aprovecharla y empaparme de sus sonidos, de su brisa, de su luz. No quedan ni tres horas hasta que se de el pistoletazo de salida para la carrera de vuelta. La última aventura hasta volver a la realidad. Pienso y no me gusta el tópico de volver a la realidad. ¡Como si al desaparecer nosotros de este lugar lo hicieramos desaparecer! No es así. Porque Senegal, Casamance y todo lo vivido estos días seguirá aquí y es real también. Desayunamos todos juntos y pesa la sensación casi de nostalgia ya. Nos miramos sonrientes pero con cierta tristeza. La aventura se acaba. Pero siento en mi ser un agradecimiento enorme por haber podido vivir esta experiencia. También de haberla compartido con este grupo. Se que aunque la aventura acabe, nos hemos unido para siempre. Y durante el desayuno ya se habla de cuándo y dónde volver a vernos. Me parece a mi que van a surgir ciento...

God Save the Queen

Al fin mi despertador cumple su función. Es el primer día que debo apagarlo. Señal de que me acostumbro a esto. Desayunamos juntos y nos acabamos la tarta de Ainoa para coger de nuevo la barca por los manglares hasta el campamento Sounka en isla Cachiouane, con la idea de ver a la reina. Tenemos tiempo libre hasta la hora de comer. Sigo a Mariajo y Maite hasta unos manglares alejados. Nos jugamos cárcel bañandonos en pelotas pero era irresistible. Cuando aparezco a lo lejos con la cara cubierta de barro y metiéndoles bronca a gritos con sonido afeicano sin darse cuenta que soy yo, no puedo parar de reir del susto que se pegan. Tras pelarnos un mango y pringarnos la cara, volvemos a reunirnos con todos en una terraza enfrente del mar. Mientras algunos se bañan en la orilla y otros escriben en tumbonas, la llegada a la mesa de unos troncos cubiertos de ostras y todo este enjambre de conchas afiladas como cuchillas, pasadas por el fuego vivo nos hacen reunirnos alrededor y saltar sobre el...

Universos paralelos

Me despierto, como viene siendo habitual, antes de que el desayuno amanezca. Hoy, decido con Yeray darnos una vuelta matutina por el pueblo. Caminamos y caminamos y por la cantidad de crios con mochila que nos adelanta a gritos de Kasumay, podemos intuir que estamos yendo hacia el cole. Tiembla Sherlock. En ese pequeño trayecto, le cuento a Yeray una parte importante de mi vida. Esas partes que te hacen ser y estar aquí ahora. O más bien por qué soy asi y estoy aquí ahora. No hay juicio por su parte, tan solo comprensión. Y es que en estos días aquí en Senegal, no sé si por la magia del lugar o el maldito curso de Gorka, pero nos hemos arrancado la piel y mostrado las entrañas ante unos auténticos desconocidos, que en lugar de echar sal, ha sabido lamerlas y abrazarlas. Y así, sí, es cuando se planta la semilla de una verdadera amistad. Hemos subido a la furgoneta después de desayunar. Nos llevará a la playa de Bocoutte, un poco al norte de Cap Skirring. Antes, paramos en medio de un b...

La fiesta de los Manaties.

Es la fiesta de los Manaties en Point Sant George. Llegamos en la furgo y no tardé en trepar al puesto de observación con Mariona. Si las maderas podridas que nos sostenían a más de dos metros de altura nos lo permitian, veríamos el lomo de alguna mítologica sirena. Pero no hubo suerte, la marea estaba subiendo y habíamos salido demasiado tarde. Cositas de Bea, como rajarse el pie y acabar en el hospital al amanecer. Nada serio, por suerte.  Tras un bañito en esas aguas no demasiado saladas, nos juntamos de nuevo para comer en primera linea de mar. Cuando la marea subió, era más bien sobre el mar, puesto que la terraza cubierta en dónde estábamos se vio totalmente cercada. Una mesa larga para nosotros. Gambas, pescado y en resto de mesas unas cuantas personas sin color demostraban que aquel lugar era bastante turístico. Definitivamente y con este ejemplo, a ver si se deja de decir ya eso de persona de color porque no tiene sentido. En la sobremesa Gorka nos deleita con algunas lect...

Día libre.

El día libre comienza de nuevo antes del despertador y durante el desayuno se abre debate sobre dónde ir y qué hacer. El consenso nos lleva a subirnos al 4x4 y bajarnos de el en Cap Skirring, la playa más turística de la zona. No hemos tardado Mariajo y yo en correr hacia el agua, sorteando el fuerte olor a bacalao que inunda la orilla. No cubre. La temperatura del agua es perfecta. Nada que ver con las heladas costas gallegas siendo el mismo océano. ¿Corremos por la orilla? ¡Corramos! Sorteamos los montículos de peces muertos: ya hemos descubierto el origen del pestazo. Una vaca me mira desafiante. Yo contra esos cuernos no puedo hacer nada. Prefiero ignorarla y pasar al lado de su familia. Vamos a llevarnos bien. Sigo con Mariajo el running playero. Nos hemos venido arriba y por lo menos calculamos cuatro kilómetros de carrera. Eso sí, hemos parado un par de veces. Una para colarnos es un casoplón con acceso a la playa y debido a la ausencia de respuesta a nuestro grito de Bonjour, u...

El Mercado.

Mira. Que yo te quiero mucho y sabes que tienes todo mi respeto, pero por besarte antes de acostarme me has hecho pasar media noche de reflujos y ardores gástricos insoportable. He de elegir. Así que, como de mi cuerpo no puedo privarme, no al menos sin un esfuerzo místico que no estoy dispuesto a realizar o una dosis excesiva de LSD, muy a mi pesar voy a tener que evitarte durante estas noches, querida cerveza. La rave de pájaros volvio a adelantarse a la Intro de The XX que suele despertarme a diario. Salgo de mi cama y no veo a nadie fuera. Parece que los madrugadores están ya de paseo por ahí y los no tan madrugadores vamos asomando las cabecitas por entre los ventanales cual topillos en el campo. Un cafe para esperar la hora del café. El metacafé voy a llamarle. Esta mañana la dedicamos al taller de escritura porque pasaremos el dia en Oussouye: comeremos  Yassa viande en casa de Bea, que es un guiso con arroz el cual se lanzarán Maite, Marta y Mariajo a seguir las pautas de ...

Isla Eloubalir

Sobre las seis de la mañana han subido los altavoces de la rave de pájaros ahí fuera. He contado más de diez diferentes graznidos, pitidos, gritos y sonidos guturales que hacen de tu despertar algo bucólico porque sabes que estás en una cabaña en Senegal y no en Texas durante una matanza. Café, un zumo de moringa hecho con las hojas, que para mi paladar kiwea bastante, margarina y pan tomaca han dado paso a la excursión hacia la isla Eloubalir, en medio de un boulon de manglares, a la que llegaremos en barca. Durante el trayecto en furgoneta que nos ha llevado hasta la barca, Bea, que vive aquí desde 2019 y a la cual podéis encontrar buscando 'Madrileños en Senegal', nos ha contado el gran sentido de comunidad de la vida aquí. Hoy por tí, mañana por mí. Y cómo ella tiene intención de hacerse una pequeña casa aquí, pero que eso está mal visto. Aquí las casas han de ser grandes, porque así puedes acoger a más personas. Tal es así que hay un dicho que reza asi: Casa pequeña, coraz...

La frontera.

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Vale, habéis ganado, pequeños seres infernales. No os vale con que para chuparnos la sangre depositéis cierta cantidad de anticoagulante que provoca picazón, sino que lo que en verdad os encanta es matarnos de sueño. Andrés 0 - Mosquito 1. Que yo, de verdad, intento amar a todos los animales, pero es que con vosotros ¡hago una excepción! Dicho esto, justo me empezaba a quedar dormido, cuando el infinito pitido mosquitero se empezaba a fusionar con los cánticos del Ramadán desde los minaretes cercanos, mucho antes de la salida del sol. Pero debíamos madrugar para emprender nuestro periplo hasta Casamance. Tras un frugal desayuno compuesto de pan, lechuga, pepino, patatas fritas y tortilla, subimos al taxi que nos llevaría a la frontera con Senegal. El polvo húmedo de la carretera, junto con el humo de madera quemada, despierta un petricor particular que transporta a otro mundo. O mejor dicho, sólo es necesario mirar alrededor para darse cuenta de que es otro mundo. Dejando kilómetros ...

Allá vamos.

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Pasaron minutos desde el primer encuentro con Gorka y Maite en el 703 de Air Marroc, hasta estar brindando con cerveza los nueve aventureros que en un rato nos embarcaríamos hacia Senegal, haciendo noche en Gambia. Las primeras risas no tardarían en llegar, como tampoco la búsqueda de puertas de embarque, horarios y transportes internos que nos llevarían al primer avión con destino a Casablanca. Ese trámite fue sencillo y no muy costoso en tiempo: llegar a Casablanca a la misma hora que habíamos salido es de esas magias viajeras que me rompen la cabeza. En la puerta A03 tuvimos tiempo de ir conociéndonos un poco más. Conversaciones entrelazadas saliendo de gesticulantes cuerpos y miradas de ilusión dieron paso, tras aproximadamente una hora, al siguiente vuelo, esta vez sí, con destino final por hoy: Banjul. Ya en el avión, el traqueteo, la oscuridad y el sedante que, estoy seguro, inoculan en el habitáculo, me han transportado a una ensoñación que se ha visto perturbada por la pregun...

A un día vista.

Durante estos días previos a mi aventura, decidí traerme a mi madre y su churri al pueblo, porque querían venir y así les facilitaría las cosas. Me ha costado venir y poder desconectar de algo que no os voy a contar pero que es una situación complicada. Pero es necesario que coja al toro por los cuernos y viva estos momentos. Quién se da por aludida leyendo esto, lo necesita tanto como yo y así tiene que ser. Durante estos días, nos hemos perdido por el norte de Cáceres, hemos hecho excursiones y visitado pueblos preciosos de la olvidada y poco conocida Extremadura. Hoy, sin ir más lejos, la visita ha sido a Granadilla, pueblo natal de mi padre Gaspar y en el que reposan no sólo sus cenizas, sino todos los recuerdos compartidos con él y las historietas que siempre nos contaba. No os diré que no es extraño en estas visitas la ausencia de quien ya no nos acompaña. Pero de eso trata la vida, ¿verdad? de ¡crear recuerdos! Y yo, os digo un secreto: tengo memoria selectiva. La verdad que mi...

Casamance. Porque sí.

Casamance.  Si hay un sitio lleno de color, verde, selvática, húmeda, con mucha, mucha agua en Senegal desde luego hablamos de Casamance, una región aislada del norte del país, por el largo pero estrecho país de Gambia y por el sur por la desconocida y pobre Guinea-Bissau. Esto es todo lo que he leído sobre mi próximo viaje. Hay momentos en los cuales uno no sabe por qué llegan hasta él las señales, imágenes o un simple clic en me gusta  que te hace cambiar la perspectiva de los próximos meses vista. Esto es lo que me ocurrió con casamance: resulta que una casa de cultura en Senegal , gestionada y regentada por unos vascos, van y le dan a  me gusta a una de mis caritas de Instagram  ¡así, a lo loco! …y a partir de ahí cambió todo: me deja la novia, me echan del trabajo, me siento perdido y decido buscarme en Senegal. (N.del A. la cronología de los hechos y los hechos en sí mismos pueden haber sido un pelín tergiversados... ¡pero casi nada! 🙄👉👈)  Bueno, aunque...